Victoria Beckham es una celebridad mundialmente conocida por cuidar su apariencia. Constantes cambios de look, presencia en el mundo de la moda y rumores sobre todo tipo de tratamientos cosméticos, algunos más extraños que otros, son parte habitual de las noticias alrededor suyo. El más reciente del que hace eco la prensa, consiste en aplicarse un gel de placenta de oveja que contiene hojuelas de oro. Con este procedimiento, se reducen las arrugas y mejora la apariencia el cutis ya que las células madre interactúan con las del paciente, produciendo colágeno y estimulando el crecimiento de nuevas células. El costo es de 500 dólares y es realizado por el famoso dermatólogo Harold Lancer, quien ha tratado a personalidades como Oprah Winfrey, Jennifer Lopez y Rene Zellweger. Es recordado además por haber diagnosticado a Kim Kardashian con psoriasis (afección cutánea que provoca irritación y enrojecimiento de la piel).

Del miedo a envejecer a la gerascofobia
Las sociedades contemporáneas otorgan gran valor a la apariencia. El canón de belleza predominante se identifica con mujeres jóvenes, esbeltas, con un cutis radiante. Los medios reproducen esta imagen constantemente y las mujeres la ven como un ideal. Envejecer es un proceso irremediable que se ha tratado de revertir desde tiempos remotos. La búsqueda de la fuente de la eterna juventud y el elixir de la vida, reproducidas en todo tipo de leyendas, han sido una constante en la historia del ser humano. Cuando nuestro organismo va perdiendo la capacidad de repararse ante los daños, se pierde el equilibrio y las capacidades empiezan a fallar. El envejecimiento es un proceso que también nos acerca a la muerte, para la que en la mayoría de las veces no estamos preparados psicológicamente y por ello hay una resistencia normal a enfrentarlo. Cuando dicha resistencia se convierte en obsesión y hacemos todo lo posible por evitarlo, podemos desarrollar gerascofobia, el miedo irracional a envejecer.
La gerascofobia
Recurrir a cirugías estéticas, tintes, tratamientos faciales, maquillajes y todos los medios que estén al alcance con tal de seguir luciendo joven, es una característica de las personas con miedo a envejecer. Factores individuales también interfieren: rasgos de personalidad narcisista, falta de realización personal o sentir que no se han logrado algunas metas y la valoración excesiva de los bienes materiales, pueden influir en el desarrollo de esta fobia. Sin un tratamiento psicológico, la persona que la padece puede, además de sufrir mucho, cometer excesos que pongan en peligro su vida (rutinas exageradas de ejercicio, tratamientos invasivos, dietas, etc.) además de, contrario a sus deseos, deformar su físico.